De viaje

He visto

Mucha gente viaja a través del objetivo de su cámara. Con prisa. Fotografía un monumento sin saber bien qué ve, a qué le toma esa foto, y se va en busca de otro monumento al que fotografiar. El ‘aquí estuve yo’ y el ‘mira ésta qué guapa’ a la vuelta de su viaje se ha convertido en el fin de esos viajeros que presumen de haber estado en setecientos países – ahí te claves todas las chinchetas de tu mapa – y de un muro de Facebook repleto de esas fotos que uno cuelga, a, para dar envidia y, b, para demostrar que sí, joder, para qué negarlo: soy un tipo guay.

Me toca la potra toda esta velocidad, todo este chuleo, todos estos ‘llegué ayer pero me voy mañana’. ¿Y a qué fin viajar tan rápido con esos macutos que lleváis, almas de cántaro? Que ni el peor huracán os levanta, borricos. ¿Por qué no te quedas aquí tranquila, muchacha, y guardas la cámara un minuto, carajo, y el móvil también, anda, que el mundo está ahí fuera, eh? Prometido. A veces ves más cosas si estás quieto, prueba, verás que fotos entrañas.

Dejadme compartir unas cuantas. He visto una ciudad donde la gente cabe sin querer. He visto puestos de comida destartalados y mugrientos sirviendo platos más ricos que los de los restaurantes de ricos. He visto hombres cagar en donde otros hombres limpian su vajilla. He visto coches en hilera hasta donde la vista no te alcanza y vuelta. He visto mercados más grandes que pueblos, en donde podrías comprarlo todo. He visto cucarachas como ratas, ratas como gatos, gatos como perros y más perros de los que hasta entonces había visto. He visto familias de seis subidos en una moto pequeña, y niños de seis años conduciendo motos grandes. He visto budas gigantescos bañados en oro; y budas tan diminutos como adorados esculpidos en jade verde. He visto al rey que más tiempo lleva reinando en todo el mundo. He visto sus palacios osados y los regalos increíbles de orfebres que se dejaron las manos durante décadas creando la obra perfecta; y he visto a las masas que le alegraron uno más de sus muchos cumpleaños encendiéndole miles de velas y pequeños globos de papel que iluminaron el cielo de Bangkok. He visto cabañas de bambú al lado de mansiones bárbaras, y chabolas que miran al sexto centro comercial más grande del mundo. He visto peleas honorables de niños y hombres sin miedo luchando por ser héroes en el deporte nacional. He visto calles abarrotadas y brillantes en donde puedes comprar gente. Sigue leyendo

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De viaje, Vaya Ud. a saber

25

Hoy cumplo 25 años. Existe cierta reticencia a decir que uno cumple años, no sé si por vergüenza ante las felicitaciones o porque, en cierto modo, parece que exiges algo de protagonismo confesándolo. Me la suda, la verdad; hoy vengo populista.

No es una cifra demasiado especial, lo sé, pese a que en Tailandia se cree que los 25 son los peores y existe bastante superstición con este asunto. Algunos lo achacan a que es el paso a la vida ‘adulta’, y con esto quieren decir que uno empieza a tener las responsabilidades propias de los adultos aburridos en los que todos nos convertimos: trabajo, familia, coche, casa, impuestos. Qué cierto. Pero a pesar de todo, la cifra, como digo, no es especial, y lo único que la hace especial es el hecho de alcanzarla tan lejos de mi casa.

Hace unos días se generó bastante movimiento en las redes sociales por un vídeo de una congresista haciendo – leyendo – un discurso que bien traía preparado de casa y que sirvió para, exactamente, lo que ella había previsto: salir en muchos tablones de Facebook y conseguir muchas menciones en Twitter. Es cierto que como oradora no vale mucho: se la notaba nerviosa y apenas había memorizado unas pocas palabras del folio y medio que había escrito en la madrugada anterior, emocionada por el pelotazo que se traía entre manos. Pero muchas de esas palabras sonaban muy ciertas para los que estamos fuera desde hace meses: no nos vamos por viajar (sólo un poco) ni porque tengamos ganas de tener experiencias inolvidables (un poco también), sino porque en nuestro país, España querida, no tenemos oportunidades de sobrevivir. Somos exiliados, no emigrantes. Sigue leyendo

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