Vaya Ud. a saber

El lobito bueno

Siempre tengo la misma sensación cuando los veo: me pongo nervioso, intranquilo, se me acelera el corazón; me incomodo. Cómo es posible, me pregunto cada vez, si debería ser al contrario. Por qué esta sensación de inseguridad, joder, si ellos son la Policía: el cuerpo de seguridad del Estado.

¿Por qué me atacan todas estas emociones de mierda al verlos si debería ser al revés? ¿Por qué no siento tranquilidad, seguridad, amparo, respeto y todas esas sensaciones que debería entrañar cuando pasan a mi lado esos vehículos blancos y azules? ¿Por qué me asustan sus luces? ¿Por qué temo tanto sus sirenas, sus trajes, sus porras, sus cartucheras, su caminar, su carácter? Mourinho… ¿por qué?

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Vaya Ud. a saber

Muñón necrosado

Leo sobre España, si me atrevo, y me avergüenzo de lo que leo. Veo sobre España, si me quedan ganas, y me avergüenzo de lo que veo. Y no vengo a hablar de medios de comunicación que faltan a sus principios mientras escriben sobre no hacerlo. Ni sobre la conocida clase corrupta (y dicen que política) del país donde ya no vivo. Hoy hablo sobre los sicarios de azul que revientan cráneos cada vez que tienen ocasión. Hablo sobre esos perros de presa que salen a la calle sin bozal ni correa, ni siquiera identificación, como la ley que creen representar dice que deben. Hablo sobre esos seres de porra, casco y escudo que van en grupo – pues solos no se atreven – y hasta arriba de protecciones, blandiendo una porra y escondiendo tras su armadura la falta de cerebro y alma. Hablo sobre este ‘brazo’ del estado que a día de hoy no es sino un muñón necrosado.

¿Cómo es posible que la mayoría de los ciudadanos nos sintamos inseguros cada vez que divisamos a los cuerpos de seguridad? ¿Quién tiene la culpa de esta contradicción social? ¿Por qué ese ser que golpea y atiza sin pudor a niños, adultos y ancianos es válido para defenderme (y atacarme) en las calles que él y sus secuaces ya creen suyas? ¿Quién conforma este ejército de bandidos sanguinarios que disfrutan de la vida real y de las desgracias del resto como disfrutaban de los videojuegos sangrientos a los que seguro, pues para más no deben dar, jugaban en modo fácil cuando fueron niños sin infancia? Sigue leyendo

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