Vaya Ud. a saber

Ahora es el momento

El periodismo es esa voz capaz de llegar a cualquier lado; esa voz poderosa que el resto no tiene. Por eso funcionamos como portavoces de los diferentes individuos o colectivos del mundo. La desgracia de todo esto, como no, es que hace ya mucho tiempo que la información – y la desinformación – se convirtieron en un poder en sí mismos, en una propaganda al servicio de los estados y las empresas poderosas – si es que hay alguna diferencia entre ambos -; en un método de control y adoctrinamiento de individuos brutal. Nada nuevo.

Esta mayúscula desgracia no ha evitado, sin embargo, que gran parte del periodismo y de sus trabajadores hayan sido capaces de cumplir una labor exquisita y necesaria en la conciencia social. De este modo, hemos visto como el periodismo – sí, el mismo que ha provocado guerras – ha conseguido, entre otras muchas cosas, destapar enormes casos de corrupción o alimentar las luchas de individuos y colectivos en terribles situaciones de injusticia; confusa palabra. Sigue leyendo

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Vaya Ud. a saber

Mi vida es una gran mentira

Pensaba que no, pero sí. Lo cierto es que llevaba años luchando contra la idea de que la publicidad, de algún modo, me influía. Luchando contra el hecho claro de que yo no compraba por impulso, sino por necesidad. Luchando contra el esperpento de ser una oveja más del rebaño pastoreado por los perros del capital. Pero esta noche me he dado cuenta de que, al fin, he sucumbido: la publicidad ha cambiado mis costumbres.

Vivo en un barrio bien, con una familia bien; aunque sin perro. He mamado televisión, en dosis justas (gracias a le censura – por entonces despótica y hoy agradecida – de mi madre) desde pequeño. Vivo sano, creo, y no tengo mayores miedos que los que atormentaban a los galos de Goscinny y Uderzo: que el cielo caiga sobre mi cabeza. Desgasté el patio y las mesas de dos colegios, enfrentados en mi barrio, uno público y otro concertado. Terminé el bachillerato en un instituto progre y me he manifestado por tantas cosas que apenas recuerdo algunas. He viajado por menos mundo del que me gustaría; pero he viajado, que ya es algo. Y acabo de licenciarme, pese a las reticencias del sistema educativo en haberme dado cinco años de placer y no de bodrio, como es el caso.

Así que durante los 23 años – casi 24 – de mi vida nimia y anodina, me he educado más o menos bien, a gusto del sistema y a disgusto con el mismo, aunque tampoco he hecho demasiado por cambiarlo. Siempre me he creído un poco apartado de él; quizás algo por encima. Falso. Y prueba de ello era lo que venía comentando al principio. Sigue leyendo

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