Vaya Ud. a saber

Los miedos de Gabo

Qué susto me has dado, idiota. La noticia de tu hospitalización me ha hecho temblar un poco, respirar más lento, entrañarte hondo. Lo cierto es que nunca he sentido demasiada admiración por demasiadas personas, menos aún en el complejo mundo de la literatura. Quizá solo estáis tú y Quino, tan mayores; tan diferentes. Y ayer noté que te ibas un poco al fin, que la vida te había vencido, y he sentido la necesidad de escribir de ti y de escribirte a ti; aunque nunca me leas, Gabo, aunque nunca me sepas.

De ti

Si hay algo que caracteriza la obra de Gabriel García Márquez (aquí debería ir su lugar y fecha de nacimiento y muerte, pero él seguro que lo consideraría de muy mala educación) es el miedo. El miedo, en general, como concepto, como forma de comprender la vida. El miedo que todo lo rodea; ese miedo que todo abarca. El miedo a todo, tanto a lo nuevo como a lo desconocido. Y fue entre lo desconocido donde el autor encontró el peor de sus temores, quizá el más natural, pese a tan común: la muerte.

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Corvus

Hoy he visto un cuervo muerto; ha sido como ver a la muerte muerta, y me ha hecho reír, aunque luego me ha dado pena, ya ves, y al cabo un poco de miedo, no sé, una sensación extraña; y al final he deseado no haberlo visto pero ya era tarde, joder, y ahora ella ya sabe que me reí de ella un poco.

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De muertos y eso

Estaba haciendo un panegírico conmovedor en la misa de su padre.  Y no dejó de serlo hasta que aprovechó la ocasión para anunciar que vendía su Peugeot 206 azul con 160.000 kilómetros. A muy buen precio.

***

Tiene 12 años. Está en mitad del entierro de su abuelo. Con el rostro desencajado y las manos en los bolsillos descubre que las erecciones no siempre las controla uno.

***

Un grupo de plañideras. Son tres. Dos están ya de vuelta, visten muchos años y han llorado a tantos muertos que le han perdido respeto a la muerte. La tercera es bisoña; es su primer trabajo. Está nerviosa, y lo hace tan mal que a las otras dos plañideras les entra un ataque de risa mientras lloran en el entierro. Un desastre.

***

Un hombre con la capacidad de hablar con los muertos, pero es tartamudo y ninguno le hace demasiado caso. No puede presumir de ello; es muy humillante.

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