Vaya Ud. a saber

Zumo de bote

Es curioso: nos hemos acostumbrado a comer mierda. Es más: nos hemos acostumbrado a ella en general, hasta el punto, casi, de preferir comer mierda a comida sana, orgánica, sostenible; o cómo sea. De algún modo nos han conquistado desde pequeños con su chocolate industrial, con sus salsas edulcoradas, con su carne de laboratorio, con sus patatas de bolsa, con sus dulces dulcísimos, con sus sopas de sobre, con su atún en lata, con su pan de molde, con su tomate sin tomate y con un sinfín de apaños más de empresas que lucharon por adaptarse a un mundo que demandaba rapidez y efectividad a bajo coste.

Parece que supieron hacerlo; y así nos va a muchos que nos sorprendemos comiendo cosas de mucha calidad con un sabor aparentemente peor – quizás no peor; tan sólo menos sabroso – que sus homólogos ‘industriales’. Por eso esta hamburguesa orgánica está bien, sí, pero prefiero las de allí – sin hacer publicidad –, y a esta ensalada con productos de una huerta sostenible le falta algo, no sé, esa otra que venden allá está más rica, tiene más chicha, y la fabada del norte natural está buena, pero me la esperaba más como la de lata, que no veas si sabe bien, y los quesitos éstos para untar están de muerte así que aleja ése de granja que huele a pie, coño, y entre tomate casero y kétchup, kétchup, por favor, y el zumo mejor de bote, si se puede; y el de esta marca, en serio, que es épico.

Es curioso: pasa lo mismo con España, ya ven. Sigue leyendo

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Hall of fame

Jordi Évole

Jordi Évole

De Jordi Évole me gusta todo, menos una cosa: hace perfectamente lo que a mi me gustaría hacer. Es, a su manera, uno de los mejores periodistas del mundo y esta profesión – el mejor oficio del mundo, ya lo dijo García Márquez – estaba tan necesitada de alguien como él que a todos los que nos frustra este querer y no poder – o no saber – nos invade una sensación de alivio y felicidad sabiendo que Jordi Évole va a contarnos las cosas. Porque de eso va esto: de contar, y no sólo de tocarle los cojones al politicucho de turno, ni de hacer una pregunta incómoda para salir en los zappings, ni de editar el programa para que los malos parezcan más malos; qué va. Esto va de contar. De contar como se le cuenta a un niño, porque niños somos todos. De contar lo que pasa detrás, donde muchos no alcanzamos. De contar lo que otros ya no cuentan por miedo a quedarse sin publicidad en sus páginas manchadas de mierda o en sus anuncios de cara basura. Así que a ver hasta dónde sube el plato, Jordi, que hay muchos con escopetas aquí abajo deseosos de darle al blanco.

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