De viaje

Solo un par de anécdotas

Me gustan los tranvías, los metros, los autobuses, los trenes; no tanto los aviones. Me gusta viajar, el proceso del viaje, la paz de esperar y observar afuera; qué hay, qué ves; las carreras de gotas cuando llueve, la fugacidad de los objetos tras la ventana. Hablando de esto siempre recuerdo una historia que mis padres me cuentan cada tanto con ese amor con el que los padres nostálgicos hablan de sus niños pretéritos. Viajábamos en coche, no sé hacia dónde porque yo era muy pequeño. La carretera iba entre prados extensos y yo, que ya alcanzaba a mirar a través de la ventana, entusiasmado, anuncié “¡mirad, mirad: vacas!”. Cuando el resto del coche oteó aquellos prados no encontró ninguna vaca, ni ningún ser vivo que se pareciese siquiera a una vaca. Ni una puta cabra, ni un puto caballo. Siquiera un perro, un gato, un conejo; nada. Solo verde extenso. Ríen cuando lo cuentan: la idea es que hasta entonces, cada vez que ellos nos habían dicho “mirad, niños, vacas” yo, de tan pequeño, gastaba tanto tiempo en asomarme a mirar que cuando por fin tenía el cristal delante de mis narices lo único que veía tras él era campo, campo infinito. Y eso eran para mí las vacas.

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Vaya Ud. a saber

Tan poquita cosa

Qué tan delgado es ese hombre que apenas ocupa medio asiento en el Metro. Qué tan poco puede pesar. Es alto, sin embargo, y feo: tiene la cara lánguida, se le marca la mandíbula y los ojos se le escapan. Barbilampiño y cano; la barba le desmejora, le suma años. Lleva unas gafas pequeñas que le sobran por todos lados y viste una camisa blanca remangada y un pantalón de traje que no llena de ningún modo. Las venas de sus brazos pálidos se marcan de arriba abajo, y si te fijas bien creerás percibir el bombeo de su corazón, imagino, minúsculo. Genera un aspecto tierno, no por enfermizo, sino por débil, extraño, frágil. La mirada tan concentrada como perdida en su móvil: parece que juega a algo, quizás escribe, y balbucea mientras lo hace, como repasando, como queriendo entenderlo todo. Necesita oírse, saber que está ahí. Normal: tan poquita cosa.

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