Vaya Ud. a saber

Los miedos de Gabo

Qué susto me has dado, idiota. La noticia de tu hospitalización me ha hecho temblar un poco, respirar más lento, entrañarte hondo. Lo cierto es que nunca he sentido demasiada admiración por demasiadas personas, menos aún en el complejo mundo de la literatura. Quizá solo estáis tú y Quino, tan mayores; tan diferentes. Y ayer noté que te ibas un poco al fin, que la vida te había vencido, y he sentido la necesidad de escribir de ti y de escribirte a ti; aunque nunca me leas, Gabo, aunque nunca me sepas.

De ti

Si hay algo que caracteriza la obra de Gabriel García Márquez (aquí debería ir su lugar y fecha de nacimiento y muerte, pero él seguro que lo consideraría de muy mala educación) es el miedo. El miedo, en general, como concepto, como forma de comprender la vida. El miedo que todo lo rodea; ese miedo que todo abarca. El miedo a todo, tanto a lo nuevo como a lo desconocido. Y fue entre lo desconocido donde el autor encontró el peor de sus temores, quizá el más natural, pese a tan común: la muerte.

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Cuentos

Cosas de vieja

No sé a quién le dijo Úrsula ni qué demonios contó, pero en menos de dos horas el mercado se llenó de las mujeres que ya habían venido a primera hora de la mañana y volvían a última, pero trayendo entonces a sus maridos para poder cargar con más cosas, y todas pedían carne de más, y frutas de más, y verduras de más, y se gritaban de más entre todos mientras corrían hacia cualquier lado, y hablaban de lo que habría de pasar, cada uno con su historia y su suposición que de tanto repetirla se imponía como cierta. No sé bien si el motor de todo esto fue el miedo o si acaso fue el hecho de que por fin pasaba algo en aquel pueblo, pero el mercado se vació tan pronto como se había llenado, y con el sol aún en lo alto todo el mundo se fue a encerrarse en casa, esperando, esperando tanto y tan a disgusto que los nervios afloraron al final, y fue entonces que se armó la vaina. 

Puedes leer el cuento completo (se lee en dos patás) pinchando en Cosas de vieja

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Vaya Ud. a saber

De hombres y dioses

Volando hacía Bangkok ya me asaltaron las dudas: ¿qué pasaría si Mark Knopfler y Gabriel García Márquez se conociesen? ¿Cómo sería este encuentro de titanes? O mejor aún: ¿qué pasaría si Mark Knopfler no hubiese sido compositor y hubiese sido escritor, y Gabriel García Márquez hubiese elegido la música en vez de la literatura? ¿Serían tan buenos en sus nuevas vidas como lo son en la que viven? Yo creo que no, aunque de todos modos, nunca se sabe; esta gente, estos genios, son capaces de todo, menos de no morir.

Sin embargo, encontré una respuesta que calmó mis necesidades de saber, mis necesidades de imaginar. Y lo logré,  claro, endiosándolos más aún de todo lo endiosados que les tengo. “No seas tonto” pensé: “Mark Knopfler ya hace literatura con su música y Gabo también hace música con su literatura. Ambos se dedican a ambas cosas y tú todavía no lo entiendes, idiota”.

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