Vaya Ud. a saber

Zumo de bote

Es curioso: nos hemos acostumbrado a comer mierda. Es más: nos hemos acostumbrado a ella en general, hasta el punto, casi, de preferir comer mierda a comida sana, orgánica, sostenible; o cómo sea. De algún modo nos han conquistado desde pequeños con su chocolate industrial, con sus salsas edulcoradas, con su carne de laboratorio, con sus patatas de bolsa, con sus dulces dulcísimos, con sus sopas de sobre, con su atún en lata, con su pan de molde, con su tomate sin tomate y con un sinfín de apaños más de empresas que lucharon por adaptarse a un mundo que demandaba rapidez y efectividad a bajo coste.

Parece que supieron hacerlo; y así nos va a muchos que nos sorprendemos comiendo cosas de mucha calidad con un sabor aparentemente peor – quizás no peor; tan sólo menos sabroso – que sus homólogos ‘industriales’. Por eso esta hamburguesa orgánica está bien, sí, pero prefiero las de allí – sin hacer publicidad –, y a esta ensalada con productos de una huerta sostenible le falta algo, no sé, esa otra que venden allá está más rica, tiene más chicha, y la fabada del norte natural está buena, pero me la esperaba más como la de lata, que no veas si sabe bien, y los quesitos éstos para untar están de muerte así que aleja ése de granja que huele a pie, coño, y entre tomate casero y kétchup, kétchup, por favor, y el zumo mejor de bote, si se puede; y el de esta marca, en serio, que es épico.

Es curioso: pasa lo mismo con España, ya ven. Sigue leyendo

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De viaje, Vaya Ud. a saber

Me voy

Dejo mi trabajo, que estoy muy loco. Me voy, lo siento, pero ya no aguanto más. Cansado de no ser útil en un país que tampoco es mío (porque ni siquiera el mío es mío), cansado de tardar años hacerme entender, cansado de estar despierto hasta las 5 de la mañana para ver la Champions, cansado de esperar hasta las tantas para que os vayáis despertando al otro lado del mundo, cansado de ese tráfico que todo lo abarca, cansado de la vida de oficina, cansado de esta silla, de esta mesa, de este teclado; cansado de este tedio que por fin acabará el viernes. Y cansado de mi, también; por no ser quien quiero ser, creo, por no luchar – un poco más -, por traicionarme a cada rato, por pensar más de la cuenta, por no saber decidir, por tener dudas, tantas dudas, qué de dudas, carajo, qué de dudas.

Así que me voy de aquí, a probar, a vivir otras cosas; quizás a arrepentirme en un futuro, aunque no creo. Viajaré un poco por aquí, y volveré al cabo a Madrid, haciendo acopio de fuerzas para no dejarme vencer por sus días de verano inhóspito, y haciendo acopio de ganas para gozar en sus noches de verano espléndidas. Volveré con ganas de todo: de veros, de estudiar, de trabajar, de tumbarme en mi cama, de no hacer nada en mi casa, de mirar la tele sin verla mientras como con mi padre en el salón, de decirle a mi madre que deje de fumar de una vez, de pasear a esos dos perros que no son míos pero casi, de cagarme en la puta por tener que bajar a pasearlos luego, de los sábados de gula en casa de mis abuelos, de mi querida Galiza, de Campoamor, de Madrid vacío y con sitio para aparcar. Y volveré, sobre todo, con ganas de materializar alguno de los muchos proyectos que uno idea cuando se aburre ocho horas al día tras un escritorio de oficina y no mucho quehacer.

Me voy con pena, eso sí, porque me gusta este país, e incluso esta ciudad; qué cosas. Me gusta su gente, su estilo, su otro estilo, sus muchos estilos más. Me gustan muchas cosas de las que ya hablaré a la vuelta y en las que pensaré echando de menos, que es como mejor se valoran; ya sabéis. Será otro aburrido post nostálgico. Qué asco.

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Vaya Ud. a saber

Ahora es el momento

El periodismo es esa voz capaz de llegar a cualquier lado; esa voz poderosa que el resto no tiene. Por eso funcionamos como portavoces de los diferentes individuos o colectivos del mundo. La desgracia de todo esto, como no, es que hace ya mucho tiempo que la información – y la desinformación – se convirtieron en un poder en sí mismos, en una propaganda al servicio de los estados y las empresas poderosas – si es que hay alguna diferencia entre ambos -; en un método de control y adoctrinamiento de individuos brutal. Nada nuevo.

Esta mayúscula desgracia no ha evitado, sin embargo, que gran parte del periodismo y de sus trabajadores hayan sido capaces de cumplir una labor exquisita y necesaria en la conciencia social. De este modo, hemos visto como el periodismo – sí, el mismo que ha provocado guerras – ha conseguido, entre otras muchas cosas, destapar enormes casos de corrupción o alimentar las luchas de individuos y colectivos en terribles situaciones de injusticia; confusa palabra. Sigue leyendo

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De viaje, Vaya Ud. a saber

25

Hoy cumplo 25 años. Existe cierta reticencia a decir que uno cumple años, no sé si por vergüenza ante las felicitaciones o porque, en cierto modo, parece que exiges algo de protagonismo confesándolo. Me la suda, la verdad; hoy vengo populista.

No es una cifra demasiado especial, lo sé, pese a que en Tailandia se cree que los 25 son los peores y existe bastante superstición con este asunto. Algunos lo achacan a que es el paso a la vida ‘adulta’, y con esto quieren decir que uno empieza a tener las responsabilidades propias de los adultos aburridos en los que todos nos convertimos: trabajo, familia, coche, casa, impuestos. Qué cierto. Pero a pesar de todo, la cifra, como digo, no es especial, y lo único que la hace especial es el hecho de alcanzarla tan lejos de mi casa.

Hace unos días se generó bastante movimiento en las redes sociales por un vídeo de una congresista haciendo – leyendo – un discurso que bien traía preparado de casa y que sirvió para, exactamente, lo que ella había previsto: salir en muchos tablones de Facebook y conseguir muchas menciones en Twitter. Es cierto que como oradora no vale mucho: se la notaba nerviosa y apenas había memorizado unas pocas palabras del folio y medio que había escrito en la madrugada anterior, emocionada por el pelotazo que se traía entre manos. Pero muchas de esas palabras sonaban muy ciertas para los que estamos fuera desde hace meses: no nos vamos por viajar (sólo un poco) ni porque tengamos ganas de tener experiencias inolvidables (un poco también), sino porque en nuestro país, España querida, no tenemos oportunidades de sobrevivir. Somos exiliados, no emigrantes. Sigue leyendo

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Vaya Ud. a saber

Muñón necrosado

Leo sobre España, si me atrevo, y me avergüenzo de lo que leo. Veo sobre España, si me quedan ganas, y me avergüenzo de lo que veo. Y no vengo a hablar de medios de comunicación que faltan a sus principios mientras escriben sobre no hacerlo. Ni sobre la conocida clase corrupta (y dicen que política) del país donde ya no vivo. Hoy hablo sobre los sicarios de azul que revientan cráneos cada vez que tienen ocasión. Hablo sobre esos perros de presa que salen a la calle sin bozal ni correa, ni siquiera identificación, como la ley que creen representar dice que deben. Hablo sobre esos seres de porra, casco y escudo que van en grupo – pues solos no se atreven – y hasta arriba de protecciones, blandiendo una porra y escondiendo tras su armadura la falta de cerebro y alma. Hablo sobre este ‘brazo’ del estado que a día de hoy no es sino un muñón necrosado.

¿Cómo es posible que la mayoría de los ciudadanos nos sintamos inseguros cada vez que divisamos a los cuerpos de seguridad? ¿Quién tiene la culpa de esta contradicción social? ¿Por qué ese ser que golpea y atiza sin pudor a niños, adultos y ancianos es válido para defenderme (y atacarme) en las calles que él y sus secuaces ya creen suyas? ¿Quién conforma este ejército de bandidos sanguinarios que disfrutan de la vida real y de las desgracias del resto como disfrutaban de los videojuegos sangrientos a los que seguro, pues para más no deben dar, jugaban en modo fácil cuando fueron niños sin infancia? Sigue leyendo

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