Vaya Ud. a saber

Mamá, lo siento

Hola mamá;

si te escribo estas líneas es porque no encuentro otra manera de confesarte todo lo que vengo a decir. No quiero verte decepcionada, ni triste, ni enfadada. Aunque seguro que sabrás perdonarme, igual que siempre hiciste. Soy un cobarde, es cierto, pero no te preocupes que eso no lo aprendí de ti.

Estoy seguro, pese a todo, que ya intuyes de lo que vengo a hablarte, que ya lo has notado tras los últimos años, y que mientras lees estas líneas solo confirmas lo que ya sabías. Así que sí, mamá; es verdad, tienes razón, correcto, lo corroboro, me confieso: te he engañado.

Te he engañado mucho todo este tiempo de ausencia: ya no desordeno para ti. Sigue leyendo

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De viaje

Madres no hay más que dos

Hoy, 12 de agosto, es el cumpleaños de la reina de Tailandia, la adorada Sirikit, y además se celebra el día de la madre. No es casualidad claro; esta señora es la madre de todos los tailandeses, y desde 1976 estas dos festividades van unidas, cosa que, como español, me parece fatal y antipatriota, porque eso significa que tendré que trabajar un día de más por esta maldita manía tailandesa de economizar y ser eficientes.

De todos modos, y aunque la estrategia de marketing es mucho mejor que la del Corte Inglés – más consistente, al menos -, es algo caótico que el día de la madre vaya cambiando según la fecha de nacimiento de la reina regente. Pese a todo, el concepto está bien, y aunque quizás es un poco autoritario de más, es bastante poético y patriota.

Se monta un buen jaleo en el país. Fuegos artificiales, donaciones, desfiles, procesiones, exhibiciones de boxeo tailandés, luces, fiestas, música y demás idiosincrasia de cualquier celebración de por acá. Hay altares por toda la ciudad con fotos de la reina, recordándonos con su sonrisa maternal que no tenemos nada que temer, que ella esta allí para cuidarnos y que celebremos su cumpleaños como si fuese el nuestro, que en el fondo también lo es, porque nadie nace sin madre a excepción de algún que otro político y banquero español.

Así que celebrémoslo, claro, que a los que estamos lejos de casa y añoramos a nuestra familia nos viene bien saber que, pese a lo que siempre habíamos creído, madres – y perdóname mamá –  no hay más que dos. Yo, por ahora, voy a felicitar a la que me amamantó, que a la otra ni siquiera tengo el gusto de haberle visto un pezón.

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