Vaya Ud. a saber

El hombre que nació dos veces

Hace algo más de cinco décadas, durante una comida familiar, anunciaste con inocente alegría que tu madre, allí presente, cumplía 40 años aquel día de abril. Sorpresa la tuya, claro, cuando acto seguido ella se encargó de ponerte la cara colorada: recibiste una reprimenda – merecida – por semejante comentario, y un silencio incómodo inundó aquel comedor de tu infancia. Hoy, acobardado tras la pantalla de este ordenador desde el que te escribo, y casi con más inocencia que tú, me atrevo a anunciar que es el día de tu 60 cumpleaños. Sé que no te enfadarás, al menos no mucho, así que ahí va: felicidades. 

Podría decir, incluso, que hoy cumples 119 años porque tú eres uno de los pocos hombres del mundo que nació dos veces. Debe ser una de las anécdotas que más he contado a mis conocidos: Sigue leyendo

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De viaje, Vaya Ud. a saber

25

Hoy cumplo 25 años. Existe cierta reticencia a decir que uno cumple años, no sé si por vergüenza ante las felicitaciones o porque, en cierto modo, parece que exiges algo de protagonismo confesándolo. Me la suda, la verdad; hoy vengo populista.

No es una cifra demasiado especial, lo sé, pese a que en Tailandia se cree que los 25 son los peores y existe bastante superstición con este asunto. Algunos lo achacan a que es el paso a la vida ‘adulta’, y con esto quieren decir que uno empieza a tener las responsabilidades propias de los adultos aburridos en los que todos nos convertimos: trabajo, familia, coche, casa, impuestos. Qué cierto. Pero a pesar de todo, la cifra, como digo, no es especial, y lo único que la hace especial es el hecho de alcanzarla tan lejos de mi casa.

Hace unos días se generó bastante movimiento en las redes sociales por un vídeo de una congresista haciendo – leyendo – un discurso que bien traía preparado de casa y que sirvió para, exactamente, lo que ella había previsto: salir en muchos tablones de Facebook y conseguir muchas menciones en Twitter. Es cierto que como oradora no vale mucho: se la notaba nerviosa y apenas había memorizado unas pocas palabras del folio y medio que había escrito en la madrugada anterior, emocionada por el pelotazo que se traía entre manos. Pero muchas de esas palabras sonaban muy ciertas para los que estamos fuera desde hace meses: no nos vamos por viajar (sólo un poco) ni porque tengamos ganas de tener experiencias inolvidables (un poco también), sino porque en nuestro país, España querida, no tenemos oportunidades de sobrevivir. Somos exiliados, no emigrantes. Sigue leyendo

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