Vaya Ud. a saber

Zumo de bote

Es curioso: nos hemos acostumbrado a comer mierda. Es más: nos hemos acostumbrado a ella en general, hasta el punto, casi, de preferir comer mierda a comida sana, orgánica, sostenible; o cómo sea. De algún modo nos han conquistado desde pequeños con su chocolate industrial, con sus salsas edulcoradas, con su carne de laboratorio, con sus patatas de bolsa, con sus dulces dulcísimos, con sus sopas de sobre, con su atún en lata, con su pan de molde, con su tomate sin tomate y con un sinfín de apaños más de empresas que lucharon por adaptarse a un mundo que demandaba rapidez y efectividad a bajo coste.

Parece que supieron hacerlo; y así nos va a muchos que nos sorprendemos comiendo cosas de mucha calidad con un sabor aparentemente peor – quizás no peor; tan sólo menos sabroso – que sus homólogos ‘industriales’. Por eso esta hamburguesa orgánica está bien, sí, pero prefiero las de allí – sin hacer publicidad –, y a esta ensalada con productos de una huerta sostenible le falta algo, no sé, esa otra que venden allá está más rica, tiene más chicha, y la fabada del norte natural está buena, pero me la esperaba más como la de lata, que no veas si sabe bien, y los quesitos éstos para untar están de muerte así que aleja ése de granja que huele a pie, coño, y entre tomate casero y kétchup, kétchup, por favor, y el zumo mejor de bote, si se puede; y el de esta marca, en serio, que es épico.

Es curioso: pasa lo mismo con España, ya ven. Sigue leyendo

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Ahora es el momento

El periodismo es esa voz capaz de llegar a cualquier lado; esa voz poderosa que el resto no tiene. Por eso funcionamos como portavoces de los diferentes individuos o colectivos del mundo. La desgracia de todo esto, como no, es que hace ya mucho tiempo que la información – y la desinformación – se convirtieron en un poder en sí mismos, en una propaganda al servicio de los estados y las empresas poderosas – si es que hay alguna diferencia entre ambos -; en un método de control y adoctrinamiento de individuos brutal. Nada nuevo.

Esta mayúscula desgracia no ha evitado, sin embargo, que gran parte del periodismo y de sus trabajadores hayan sido capaces de cumplir una labor exquisita y necesaria en la conciencia social. De este modo, hemos visto como el periodismo – sí, el mismo que ha provocado guerras – ha conseguido, entre otras muchas cosas, destapar enormes casos de corrupción o alimentar las luchas de individuos y colectivos en terribles situaciones de injusticia; confusa palabra. Sigue leyendo

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