Fotostón

Uno y Otro

Uno y Otro son extremos que se tocan.

Uno es silencio; el silencio de al que nada le sorprende ya, silencio del que ya no tiene más que hablar, como si ya lo hubiese dicho todo; y para hablar en vano mejor no hablar. Otro es el habla constante, sin filtro, la sorpresa perpetua, la duda eterna, el discurso atropellado de querer decirlo todo al mismo tiempo y no saber.

Uno es la sabiduría de la experiencia, de la vida ya casi vivida, de todos los libros leídos, la razón desengañada del que al final no entendió el porqué de esto. Otro es la sabiduría de la ingenuidad, de la inocencia más pura, de apenas saber leer, del que aún no necesita preguntarse nada porque para eso están el resto; para preguntar por qué.

Uno es quietud, calma, el paso sibilino allá por donde pasa, el sigilo en su sofá, pasando lentas las hojas del periódico que lee sin inmutarse porque parece repetido, envuelto en la nube que mana de su cigarro eterno apoyado en el cenicero y que es acaso lo que le delata; allí está, tranquilito, en la esquina. Otro es fragor, ruido, un estruendo de niñez que avisa por donde pasa y dice estoy aquí, mírame, hazme caso, ríete conmigo, y sígueme, que tienes que ver esto y he de contarte esto otro.

Uno es la rutina, los horarios asumidos, el cuerpo acostumbrado a tantos años de lo mismo; sin despertador, los mismos gestos desde la mañana hasta la noche, la compra, el crucigrama, la comida, la siesta, el vermú, la misa, las noticias y a dormir, qué consuelo; hasta mañana mamica, te quiero. Otro es la anarquía, el olvido por despiste, la gota de leche en la barbilla, los mofletes llenos de chocolate, el no saber nunca qué hacer porque querría hacerlo todo al mismo tiempo, la energía constante, la vitalidad pueril del que vive sin miedos y la desilusión tremenda que le causa tener que irse a dormir.

Uno es seriedad, hieratismo: apenas queda ya algo por lo que sonreír. Las emociones van por dentro y ahí juegan desde hace tanto, y de vez en cuando le ocupan su estómago partido y no le dejan comer, sobre todo cuando piensa en los que han pasado ya, que resultaron ser casi todos. Otro es emoción a flor de piel, sonrisa eterna por contrato con los años, que son pocos, los dientes tan pequeños y la saliva por todos lados. Y a veces llora, es normal, pero enseguida ríe, claro, porque la vida es divertida: casi parece un juego.

Uno es en blanco y negro, viviendo dentro de sí, en la memoria del pretérito, en las fotos de bordes rotos, cuando él era otro él, cuando muchos de los que ahora le rodeamos ni siquiera éramos. Otro es color; el color de la esperanza, de la naturaleza explosiva que tiene todo por delante y que es imparable y verde y azul y rosa y blanco, sobre todo blanco, que son todos los colores, pero en uno.

Uno es 87; luna menguante. Otro es apenas 6; sol naciente.

Uno y Otro son los los dos extremos que se tocan, sólo que no sólo se tocan, sino que se abrazan, se necesitan, se adoran, se aferran fuerte; Uno agarrando a Otro para querer seguir viviendo, Otro agarrando a Uno para que no se vaya nunca demasiado lejos.

Uno y Otro, extremos que se abrazan.

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De viaje, Fotostón

De ruta

La primera escapada, por fin, ha durado 10 días. Hemos recorrido algunas zonas de Camboya. Visitamos los templos de Angkor, la última gran capital del imperio jemer y la construcción religiosa más grande jamás construida. Escapamos un día del foco turístico de Siam Reap, la ciudad más cercana a los templos, y nos zambullimos en la Camboya más rural, en donde los niños juegan desnudos en la calle y las casas se mantienen en pie quién sabe por qué milagro. Llegamos a la capital del país, Phnom Penh, y allí estuvimos tres días  reviviendo la barbarie de Pol Pot y los jemeres rojos. Para volver a Tailandia decidimos entrar por la provincia de Koh Kong, al sur, rodeada de las Cardamom Mountains y de una naturaleza explosiva que maravilla y absorbe. Antes de volver a Bangkok, nos bañamos con delfines en Chantaburi, una pequeña y encantadora ciudad en el sureste de Tailandia. Os dejo una pequeña galería de fotos que dará una mejor imagen que cualquier texto largo y aburrido que pueda yo escribir aquí.

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Fotostón, Vaya Ud. a saber

Censura blandita

resumenarabe

Captura de pantalla de blogs.rtve.es

Pero vamos a ver… ¿qué falta de respeto es ésta? ¿Por qué introducen ese ‘Leer más’ en medio del texto? ¿Por qué interrumpen así la lectura? ¿Por qué, encima, señalan hacia otro lado, como si la posibilidad o recomendación de leer más texto fuese dirigida a leer cualquier cosa menos esto? ¿Pero quién gestiona esto? ¿Por qué RTVE trata tan mal a sus bloggers?

De todos modos, este concepto de censura blandita me agrada: ‘Bueno, sí, tenemos la obligación de ponerlo, aunque no nos agrada del todo. No queremos que leas este texto, así que ponemos esto aquí en medio, a ver si no canta mucho, y lo ponemos señalando hacia otro lado, para ver si te distraes, y sino no pasa nada, de verdad, ningún problema, pero mejor no lo leas, haznos caso… ¿no prefieres leer más, pero en otro post? ¿Uno en castellano, quizás?’.

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De viaje, Fotostón

Vientiane, Laos

Hoy me atrevo con una galería de imágenes de nuestro viaje a Vientiane, capital de Laos. En general, me ha gustado. Es más tranquila que Bangkok, por supuesto; más verde, más amable para pasear, más agradecida. Las obras, eso sí, inundan una ciudad que, si no se hunde en una tremenda crisis, en diez años será un auténtico foco turístico del sudeste asiático. Situada a orillas del Mekong, Vientiane es una ciudad que lo tiene todo para triunfar: clima, precios, gente y cultura.

Pinchando en una foto llegaréis a la galería, pero luego, bajando un poco y a la derecha de la pantalla, tenéis una opción para verlas a tamaño original. Hay detalles que bien merecen la pena.

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De viaje, Fotostón

“Pues no mucho”

Mi chica me vino a buscar una tarde a la salida del trabajo. “Creo que he escuchado a un gato bebé dentro de una caja en la calle” me dijo al poco de vernos: “pero no me he atrevido a abrirla por si estaba también la madre, o algo”. Hicimos varias tareas después, ya no recuerdo qué. Al volver a casa pasamos por el sitio donde ella había visto la caja. La caja seguía maullando; un maullido leve, opaco, con una cadencia angustiosa, una llamada a una madre que ya no estaba. Al abrir la caja vimos un gato blanco y negro, feo, muy feo, sucio de la leche que alguien le había puesto en un cuenco y que habría volcado una y mil veces, y con el olor las sobras de pescado con las que también se había rebozado en sus intentos imposibles por escapar de aquel zulo húmedo.

Gatos en Tailandia los hay por cualquier calle, de todos los colores y tamaños. No pasan hambre; la gente los alimenta y respeta. Así que a nadie parecía importarle aquella caja maulladora, menos a nosotros, y a una joven tailandesa que nos sorprendió al llegar con una gata en las manos, negra, más bonita, más sana, que sus padres no le habían dejado quedarse y que devolvía a la caja y a junto de su hermano con una tremenda pena. Tenían como mucho tres semanas de vida, habían caído de un tejado el día anterior, y hubiésemos apostado mucho dinero a que el gato más débil, el blanco y negro, no hubiese sobrevivido una noche más ahí.

Se me ocurrió escribirle por Twitter a Frank de la Jungla; le pregunté qué podía hacer con aquellos gatos. Sigue leyendo

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Fotostón

Caballos de río

Animalico

La belleza del hipopótamo – dejando de lado su gracioso y rimbombante nombre griego y su afable aspecto de barril con patas cortas y textura plástica- se esconde, o se demuestra, en la linea oculta de su rostro. La metáfora con la que quiero dar el coñazo es la siguiente: si os fijáis en la foto podréis comprobar cómo las orejas, los ojos y la nariz de los hipopótamos dibujan una linea recta perfecta, paralela al agua, que les permite estar zambullidos en sus charcos alerta a cualquier olor, movimiento o sonido. El siguiente juego que haría un buen escritor, o uno malísimo, sería humanizar este concepto, e incluso al animal, y tratar de demostrar que los humanos, en el fondo, y visto lo visto, somos incapaces de hacer todo eso a la vez, y después se enrolaría en un sinfín de extraños eufemismos y de nuevas metáforas que demostrarían cómo los seres humanos somos una mierda pinchada en un palo viejo y cómo los animales no, y en el camino hablaría de la capa de ozono, de la situación económica, de los pobres del hemisferio sur, del maltrato animal – y de la violencia de género si encuentra el hueco -, y del oscurantismo de tantos años de vejaciones y menosprecio a tantas y tantas especies que, como es el caso, nos demuestran que en la naturaleza, y no en el dinero, está la respuesta a todo. Yo, como escritor, también iba a hacer eso, pero me he dado cuenta de que no me apetece nada y de que seguro que entendéis el concepto ya, de tan manido y cierto.

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