Vaya Ud. a saber

Las horas

El trabajo no son solo las horas que trabajas, qué va. Son, también, las horas de desplazamiento hasta el trabajo, ida y vuelta, para empezar. Son, además, las horas tempranas a las que uno ha de despertarse para marchar a trabajar. Son las horas de irte pronto a la cama para no estar cansado mañana, que trabajas, otra vez. Son las pocas horas libres de la tarde en la que tienes que aprovechar para hacer de todo por que mientras trabajas no puedes. Son los momentos de preocupación por las tareas pendientes, por las cosas bien o mal hechas; los tristes minutos de pensar ‘y mañana lo mismo de nuevo’. Son los ratos de mal humor que te produce. Son las horas de domingo agónico y vacuo esperando la llegada inexorable del lunes, otra vez, ya viene; putos lunes. Son las horas que no pasas con los tuyos. Son las horas de visita al oculista de dentro de unos años, mire aquí, qué ve, lea esto: tiene la vista cansada. Y que lo diga. Son las horas de los libros que no lees; las horas de las películas que no ves. Son las horas que no disfrutas del afuera, de su sol o de su lluvia, de su brisa mañanera. Son las horas en las que no haces el amor, o los momentos mágicos en los que no conoces a esa chica del cruce a la que se le cayó el monedero pero tú no estás ahí para dárselo. Son las horas de deporte que no haces; son los minutos de paseos que no das. Son las horas que no ves crecer a tus hijos. Son las horas de hacer cuentas porque el fin del mes aprieta y este salario es de risa. Son las horas contadas de vacaciones que nos conceden como si nos hiciesen un favor. Son todas esas horas en las que te castigas pensando que posiblemente tú no querías esto, que así no querías estar; pero ahí estás sin embargo, aguantando; haciendo lo que parece ser correcto porque mucha otra gente lo hace, porque hay demasiadas cosas que comprar. Y son, por supuesto, todas esas horas que transcurren como si nada mientras trabajas; todas esas horas durante todos esos años; todas esas horas que parecen que no pasan pero pasan sigilosas y constantes, una tras otra en un orden riguroso y ancestral; todas esas horas incontables que al final, tras más de cincuenta años de pasar y pasar, uno echará en falta mientras se pregunta cómo fue posible que se pasaran tan rápido con lo lentas que parecían mientras pasaban, carajo.

Estándar

Comenta si eso

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s