Vaya Ud. a saber

Ahora es el momento

El periodismo es esa voz capaz de llegar a cualquier lado; esa voz poderosa que el resto no tiene. Por eso funcionamos como portavoces de los diferentes individuos o colectivos del mundo. La desgracia de todo esto, como no, es que hace ya mucho tiempo que la información – y la desinformación – se convirtieron en un poder en sí mismos, en una propaganda al servicio de los estados y las empresas poderosas – si es que hay alguna diferencia entre ambos -; en un método de control y adoctrinamiento de individuos brutal. Nada nuevo.

Esta mayúscula desgracia no ha evitado, sin embargo, que gran parte del periodismo y de sus trabajadores hayan sido capaces de cumplir una labor exquisita y necesaria en la conciencia social. De este modo, hemos visto como el periodismo – sí, el mismo que ha provocado guerras – ha conseguido, entre otras muchas cosas, destapar enormes casos de corrupción o alimentar las luchas de individuos y colectivos en terribles situaciones de injusticia; confusa palabra.

Actualmente, y que os voy a contar que no sepáis, el periodismo malvive con las peores cifras de su historia. Despidos, cierres, precariedad; conceptos ya manidos en esta profesión. Y pese a todo, las únicas quejas que se escuchan vienen del propio sector: periodistas despedidos, periodistas en paro o la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Es normal, claro, pero… ¿dónde están el resto? ¿Dónde están todos aquellos a los que se les dio voz cuando la necesitaban? ¿Quién nos ayuda ahora a nosotros, tan necesitados de nosotros mismos y de otros?

Pese a esta situación o, mejor dicho, gracias a esta situación, el momento que vive España es propicio para el periodismo; e inmejorable para el buen periodismo. Pero han coincidido dos cosas: el monopolio de Internet y la crisis económica. Fruto de este matrimonio han nacido los hijos bastardos de esta profesión: prisas, inmediatez, escasez de recursos, falta de personal, intrusismo, por mencionar a algunos miembros de tan extensa familia. Así hemos visto el talento desaparecer de las mejores redacciones, y nos hemos encontrado con una información casi nunca contrastada y poco elaborada, en pro de aparecer cuanto antes y donde cuele (amén de la siempre presente información y desinformación patrocinada por los de arriba; todos esos).

Y mientras las facultades de España siguen horneando unos 3.000 periodistas al año – de los que apenas 500 encontraran trabajo relacionado con la comunicación –, los profesores, medios y materia se quedan a años luz de la necesidad del mundo de afuera. Incluso las orgullosas facultades que se esfuerzan en enseñar a sus alumnos todoterreno a manejar cámaras, Facebook, Photoshop, malabares, producción, Mus, Avid y un poco de gimnasia rítmica se olvidan de lo más importante: enseñarles a pensar y a escribir.

Así que no huyáis, carajo, intentar quedaros (yo iré pronto); que ahora es el momento.

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