Cuentos

Leticia Arrán

“Su madre se cansó de hacer campaña en su puerta y asumió que su hija se estaba dejando ir. Apiló toallas en el hueco raso de la puerta para que los riachuelos de llanto no le estropeasen más la casa, y durante aquellos días arregló los servicios funerarios y todos los negocios y trajines que las muertes de otros requieren. De este modo, Leticia escuchó desde su cuarto cómo, cuándo y dónde iban a ser su velatorio, su funeral y su entierro, y se mostró conforme con casi todo, menos con la manía de su madre de meter a la Iglesia en el medio. Pese a todo se preguntó qué pasaría si al final le daba la gana de morirse más tarde, y pensó con horror tener que pasar por todas esas cosas mientras estaba consciente. Y le asustaba más el terror del velatorio que el de ser enterrada viva, porque no creía poder soportar ver las caras de toda esa gente que acudiría a presentarle en muerte todos los respetos que no le habían presentado en vida”.

El cuento entero – ¡cuentooooooorlll! – lo puedes leer aquí: Leticia Arran

Estándar

Comenta si eso

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s