Vaya Ud. a saber

Muñón necrosado

Leo sobre España, si me atrevo, y me avergüenzo de lo que leo. Veo sobre España, si me quedan ganas, y me avergüenzo de lo que veo. Y no vengo a hablar de medios de comunicación que faltan a sus principios mientras escriben sobre no hacerlo. Ni sobre la conocida clase corrupta (y dicen que política) del país donde ya no vivo. Hoy hablo sobre los sicarios de azul que revientan cráneos cada vez que tienen ocasión. Hablo sobre esos perros de presa que salen a la calle sin bozal ni correa, ni siquiera identificación, como la ley que creen representar dice que deben. Hablo sobre esos seres de porra, casco y escudo que van en grupo – pues solos no se atreven – y hasta arriba de protecciones, blandiendo una porra y escondiendo tras su armadura la falta de cerebro y alma. Hablo sobre este ‘brazo’ del estado que a día de hoy no es sino un muñón necrosado.

¿Cómo es posible que la mayoría de los ciudadanos nos sintamos inseguros cada vez que divisamos a los cuerpos de seguridad? ¿Quién tiene la culpa de esta contradicción social? ¿Por qué ese ser que golpea y atiza sin pudor a niños, adultos y ancianos es válido para defenderme (y atacarme) en las calles que él y sus secuaces ya creen suyas? ¿Quién conforma este ejército de bandidos sanguinarios que disfrutan de la vida real y de las desgracias del resto como disfrutaban de los videojuegos sangrientos a los que seguro, pues para más no deben dar, jugaban en modo fácil cuando fueron niños sin infancia?

Dicen que las pruebas para entrar a la policía no son las más fáciles; sobre todo las psicológicas. Un jurado te avasalla con preguntas incómodas en las que la violencia, durante situaciones críticas entre las que se encuentran secuestros, atracos y (oh, sorpresa) manifestaciones, ha de ser él ultimo recurso utilizado. Aquellos que posiblemente nunca valieron para policías fueron vistos abandonando las pruebas con lágrimas en los ojos, aturdidos por la presión y conmocionados por aquello a lo que nunca querrían enfrentarse. Pero, ¿en qué momento se la colaron al jurado los otros cientos de policías que ‘pasaron’ las pruebas y hoy son la peor banda armada de este país cuyos únicos lemas son sus porras (las dos)? ¿Quién cojones conforma ese jurado? ¿Más policías? ¿Pilotos de Ryanair? ¿Periodistas de La Gaceta? ¿El que fichó a Faubert?

No quiero caer en preguntas obvias tipo ‘¿Cómo no se dan cuenta de que la gente de la calle a la que golpean están luchando por ellos y por sus (pobres) hijos?’, aunque no hay que olvidarlas; por ser obvias no dejan de ser necesarias. Así que, ya cansado de las obviedades y de la sordera de muchos al respecto, planteo una pregunta que me viene haciendo cosquillas: ¿Qué tan mal está la cosa y cuánto nos han inflado los huevos a todos aquellos que escogimos y apoyamos la no-violencia como forma de lucha (al igual que los violentos policías durante sus evaluaciones psicológicas), que muchos estamos empezando a sentir que esta gentuza no se merece otra cosa que no sea el más puro equilibrio universal y kármico en toda su puta cara de perro sicario de presa?

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